lunes, abril 16


Kia Nurse corría mientras todo el pabellón de Colombus (Ohio) contenía la respiración. Aquel robo de balón era más que una estadística. Parecía imposible lo que estaba sucediendo, una demostración más de que el basket es mágico. Las jugadoras de las UConn Huskies estaban 79-74 abajo en las pasadas semifinales frente a Notre Dame. Faltaban poco más de veinte segundos. Un triple a lo Ray Allen de Napheesa Collier (quien se disparó a los 24 puntos) y la heroicidad de Nurse preservaban el año invicto de su universidad, uno de los programas más reputados dentro de las canchas. 



La maldición parecía superada. Si recuerdan, el año pasado la historia fue bastante similar. Inmaculada trayectoria de la UConn, justo para ir a la prórroga que forzó una milagrosa canasta de Morgan Williams, jugadora estelar de Mississippi State. Aquel día se borraron más de cien partidos brillantes por un golpe de mala suerte. Tan simple e injusto como eso. Ahora, todo parecía superado y los bravos esfuerzos de las pupilas de Muffet McGraw durante cuatro cuartos se antojaban estériles. El partido se estaba convirtiendo en un clásico instantáneo. Pero quedaba lo mejor. 



Los cinco minutos extra fueron de constante intercambio de golpes. Nadie parecía quedarse KO, siempre se encontraba una alternativa. Gabby Williams y Jessica Shepard se batían el cobre, la grada vibraba con cada acción. Si estos partidos por títulos de la NCAA suelen caer en el exceso táctico, la semifinal que disfrutamos fue un ejemplo de orden e improvisación. Los dos términos antagónicos los personificó la junior Arike Ogunbowale, quien debía dar la réplica a tres puntos majestuosos de Crystal Dangerfield. La acción parecía propia del mejor basket callejero, todo se limitó a un uno contra uno que culminó con una parábola que se hizo eterna. Geno Auriemma, un coach con un historial de servicios impresionante, reflejó la frustración de una escuadra invencible estos dos años pero que se ha topado con el mejor talento posible en las peores lides imaginables.


Louisville venía preparada para la guerra. Mississippi State se presentaba con aureola de ogro, todavía con el recuerdo fresco de su anterior participación. Teaira McCowan se postuló como la gran torre a contener (25 rebotes), aunque esa gesta fue imposible. De cualquier modo, el tempo del choque fue el que más convino a las jugadoras de escarlata, quienes supieron aplicar su disciplina para hacer cuatro cuartos magistrales. Eso les colocó, a pocas décimas del final, en la privilegiada posición de líderes con 59-56. 



McCowan volvió a utilizar su envergadura para despejar el camino a Roshunda Johnson, quien conectó un triple limpio que se clavó como la peor daga posible para sus oponentes. Después del magnífico esfuerzo de Carter y cía, todo parecía desmoronarse. Quedaba una prórroga donde podía pasar de todo, si bien Mississippi parecía hacerse una muralla gigantesca tras haberla tenido totalmente sometida durante buena parte del tercer cuarto. 



Victoria Vivians olió la sangre de la presa en el agua y empezó el tiempo extra con una parábola que valía algo más de tres puntos. Hasta ese momento, Louisville había sido una roca sin fisuras, de repente, las diaclasas empezaban a ser evidentes. Morgan Williams podía respirar tranquila, ya tiene oficialmente sucesoras en su alma mater.


Dos semifinales con prórroga. Basket ofensivo, inteligente, buenos ajustes y viveza en las pizarras para dar libertad a las jugadoras. La única duda era si este fin de semana de basket universitario femenino nos tendría reservada alguna sorpresa más. Notre Dame y Mississippi State no ofrecieron dudas al respecto. Fruto de la fiebre anotadora del viernes, la siguiente jornada fue de apretar atrás en las barricadas. Las segundas tenían la experiencia de su reciente final. Las primeras venían con la inercia ganadora del tiro milagroso.



Las irlandesas no acusaron su supuesta condición bisoña. Aceptaron el ritmo más pausado de este juego, donde la lucha por el rebote fue feroz. Por momentos, Mississippi tuvo el mando, el 30-17 habría sido inquietante para muchas escuadras. Pero en esas arenas movedizas resurgen las chicas de Notre Dame con la seguridad insultante de quien carga las cartas en la baraja por saberse favorito de la Fortuna.



La final fue menos vistosa que los brillantes partidos anteriores. Arrancó el último cuarto con 41-41. Pero la emoción fuerte iba a llegar, cómo no, a segundos del final. 58-58 en el marcador. McGraw reconoció el guiño del destino y permitió a Ogunbowale decidir qué pasaría a continuación. La jugadora volvió a rompernos los esquemas a todos. No buscó entrar a canasta, tampoco una suspensión de dos. Le dio la pausa y se inventó un triple a cámara lenta que hizo que valiese la pena la entrada al pabellón. La segunda canasta para el recuerdo. El tiro por encima de todas las cosas. Una bendición irlandesa para la Final Four.



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lunes, abril 9


MGM Grand Arena. Las Vegas, 12 de septiembre de 2015. Suena la campana final tras el duodécimo asalto. No caben dudas entre público, jueces y periodistas. Floyd Mayweather se ha impuesto con claridad a Andre Berto tras un combate con pocos hechos dignos de reseña. Dotado de una técnica defensiva exquisita, el púgil norteamericano no ha precisado de grandes riesgos para dominar el enfrentamiento ante el entusiasta aspirante. En algunos mentideros se reprocha al hijo del también boxeador Floyd Mayweather Senior no haber escogido un rival más peligroso o con experiencia para la que había anunciado como su retirada del cuadrilátero. Termina cayendo de rodillas ante el ring tras abrazarse de forma emotiva con su progenitor. Ha igualado el récord de invicto de Rocky Marciano de 49 triunfos y 0 derrotas como profesional. Pero quizás falte algo en un evento que muchos terminan catalogando de aburrido. 



Tal vez, sea la metáfora perfecta de las contradicciones de un atleta inteligente como pocos a la hora de maximizar sus virtudes y disminuir la de sus contrincantes. Generalmente, cuando se va a los casinos de Las Vengas, todas las personas piensan que ojalá tengan un golpe de suerte y ganen una partida de cartas afortunada o la máquina les dé la combinación perfecta. Probablemente, porque no escuchamos las sabías advertencias de Robert De Niro en Casino (1995). Nacido en Michigan, este púgil sí que lo hizo. Cuando "Money" vio la ciudad del pecado que se jacta de no dormir, decidió que lo interesante era ser el dueño del local antes que uno de los busca-fortunas. 



Tiempo después dio un paso más allá al batir a la estrella mundial de la UFC, Conor McGregor. Un evento que fue un ejemplo perfecto de promoción y retransmisión por cable donde, además, pudo batir la mítica marca de Marciano. Porque Floyd solamente aceptó el reto con la condición de que fuese en la disciplina que domina al más alto nivel, no desplegando la arrogancia de McGregor para medirse a un maestro en el otro campo. Decía Sun Tzu que quien se conoce a sí mismo y a sus enemigos nunca conocería la derrota. Pero, al igual que le ocurría a Julio César al mirar una aldea de Armórica gala, hay algún pequeño punto del mapa que no termina de cuadrar con ese ideal de perfección. Una historia que comenzó el 20 de abril de 2002.


México es un país de contrastes. Una tierra plagada de talento y cultura, aunque también de tensiones e historia azarosa. No tiene nada de extraño que, en plena era Trump y de jactancias de muros, Pixar haya mirado a ese lado del Río Grande para filmar una película tan magnífica como Coco, una carta de amor a uno de los hitos culturales más importantes del país mexicano. Asimismo es un lugar acostumbrado a la violencia, que ha sufrido daños tan aciagos como el narcotráfico y graves problemas sociales. Con esos ingredientes, el hecho de que haya sido cuna de magníficos boxeadores resulta casi lógico.



Nada parecía indicar que José Luis Castillo fuese a estar llamado a dicho Olimpo. Comenzó el sonorense siendo la sombra de un campeón de leyenda, Julio César Chávez. Fueron años de anonimato pero también de gran aprendizaje, descubriendo los secretos de uno de los más feroces guerreros aztecas de siempre. Probablemente a Chávez no le sorprendió, pero el gran público quedó impactado cuando en el año 2000 logró arrebatar el título de campeón de Peso Ligero a Stevie Johnston. Tras cinco defensas exitosas del cinturón, el destino quiso que su siguiente retador estuviese a ser llamado uno de los deportistas más relevantes del siglo XXI: Floyd Mayweather Junior.



Fruto de una saga de boxeadores (Floyd Mayweather Senior, Roger Mayweather y Jeff Mayweather), por aquel entonces ya estaba recibiendo las instrucciones de su tío Roger en la esquina. Medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Atlanta (1996), apenas lucía 6 derrotas en su casillero como amateur. Su salto al profesionalismo fue todavía mejor, luciendo el retador del campeón Castillo un balance inmaculado de 27 victorias. Apodado "Pretty Boy", se iba granjeando a sí mismo una reputación de cierta arrogancia que le generaba un gran número de detractores más que expectantes de verle morder un día la lona.


Justo lo que deseaba el objeto de su ira. Promotor de su propia carrera, Mayweather siempre ha pensado a largo plazo. Los héroes del cuadrilátero pueden ser efímeros, siempre hay ambiciosos empresarios a la caza de nuevos talentos y jóvenes manos buscando su trono. No obstante, el enemigo al que encanta odiar ha sido una fuente publicitaria inmensa en su andadura. Bajo la apariencia excéntrica y plagada de narcisismo, se escondía una intención clara que garantizaría excelentes taquillas, además poseía más que sobrada capacidad actoral para dar a los micrófonos la imagen que más le convenía.



Con esa aureola y su usual dominio del espacio, el púgil estadounidense sorprendió a Castillo con su magnífico cálculo de las distancias. Presa de la frustración, incluso habría un cabezazo mutuo que reflejaba la sensación de incredulidad del campeón mexicano, quien volvía a su esquina tras dos rondas perdidas y la nariz ensangrentada. Es justo en este momento para el arranque de una de las más curiosas paradojas de esta historia.



Cuando se ha medido con rivales impredecibles como Zab Judah, Mayweather no ha tenido problemas en permitir el dominio ajeno, incluso a costa de perder esos puntos. No era infrecuente ver cómo en el ecuador de la lucha cambiaba totalmente el tempo del enfrentamiento. Lo irónico es que en esta pelea que empezó tan fácil para él, Castillo le hizo probar de su propia medicina. Julio Yáñez, quien también hizo carrera de otro deportista como Carlos "Salado" Yáñez, aconsejaba a su pupilo hacer una presión constante que impidiera la imposición de piernas frescas que siempre ejercía su contrincante.


De inmediato, el ritmo cambió. La presión de Castillo se hizo omnipresente, haciendo sentir constantemente incomodidad a su contrincante. Hazaña no pequeña, puesto que Mayweather se ha labrado una más que merecida reputación de haber sabido convertir las temidas cuerdas en una zona donde reponer fuerzas y minimizar daños a través de una defensa inteligente que comienza con la colocación de sus hombros. Al límite del reglamento, el colegiado le advirtió por el uso de la cabeza en el cuarto asalto. No obstante, donde sí había logrado imponer su estilo era manteniendo los brazos en alto y bloqueando potentes ganchos.



Conforme avanzó su trayectoria, Pretty Boy se caracterizó por incrementar su rapidez y evitar recibir golpes, algo básico en una disciplina tan brutal y que suele dejar tan devastadoras secuelas en quienes la practican. Pero en aquellos días de juventud no conviene olvidar que tenía un poder muy importante en los puños (20 KOS). Eso sí, Castillo era tres años mayor que él y tenía suficiente experiencia para evitar exponerse a ello, además de lucir él mismo en su casillero el doble de triunfos por la vía del cloroformo.



El instinto hizo a Roger Mayweather advertir a su sobrino del cariz que está tomando la contienda. Los dos siguientes rounds serían muy cerrados, con el primero intentando evitar abusar tanto de su izquierda y Castillo buscando siempre el cuerpo a cuerpo. El séptimo volverá a presentar una paradoja del futuro: Mayweather dominaría con la maestría de su su jab, pero sus contra-golpes son frenados por el mexicano antes de que suene la campana para asegurar puntos. Una táctica que su adversario firmaría mil veces en su carrera.



Pero el invicto aspirante era perfectamente consciente de que un despliegue como el de Castillo exigía un peaje. En la octava ronda se produjo una de las situaciones que más gustaban a la estrella ascendente de Las Vegas: que el otro boxeador lanzase mucho para conectar muy poco, mientras él volvía a dominar los espacios. Vic Drakulich, árbitro de la velada, restaría un punto al sonorense por juego sucio. Una superioridad que quizás le hizo confiarse en exceso, desoyendo a Roger y volviendo a abandonar su empleo de la derecha. Como sus épicos enfrentamientos con Diego Corrales mostrarían, Castillo nunca se rendía. Volvió con más ganas que nunca al siguiente y un frustrado Mayweather le lanzó un puñetazo tras sonar la campana, algo que el colegiado no penalizaría como habría marcado el reglamento.



Pelea durísima por ambos lados, Floyd se decidió a devolver alguna de las tretas de Castillo en el antepenúltimo asalto. Incluso llegó a lanzar un codazo que le valdría una advertencia de Drakulich, aunque con ambos luchadores agotados por el esfuerzo, el papel de la técnica iba haciéndose fundamental. Es el espacio que su esquina quería desde el primer momento y permitió dominar a un Castillo que estaba acusando el esfuerzo de su remontada.



El undécimo y el duodécimo asalto resultarían verdaderamente apasionantes. En el primero se impone Mayweather tras el intercambio de golpes, mientras que Castillo sorprende a todas las personas presentes al sacar reservas de energías en los últimos minutos donde no deja nada de gasolina en el depósito. La imagen que brindan las cámaras es atípica y se verá en contadas ocasiones. El lenguaje corporal de Mayweather es muy lejano a la confianza, Castillo parece optimista con su equipo, aunque todos parecen convencidos de que se ha tratado de algo muy cerrado. De cualquier modo, esa situación es favorable al defensor del título, puesto que el veredicto nulo le permitiría retener la corona.


Sorprende el cierto margen que dan las tarjetas de los señores Anek Hongtongkam, John Keane y Jerry Roth (116-111, 115-111 y 115-111). Aunque lo más chocante es el grito que se proclama con un nuevo campeón en el circuito de la CMB. La expresión de asombro en el lado de Castillo es solamente comparable al júbilo que estalla en la otra esquina. Larry Merchant, legendario comentarista deportivo para HBO Sports y detractor número uno de Floyd casi desde el arranque de su carrera hiciese lo que hiciese, no duda en cuestionar al vencedor sobre el resultado. El púgil norteamericano alegará para justificar sus momentos de crisis en la lucha una molestia en el hombro sufrida durante entrenamientos previos, si bien se considera justo triunfador de la liza. 



Castillo intenta mantener las formas, aunque, típico en el sensacionalismo deportivo que suele acompañar estos eventos, las preguntas se suceden hasta conseguir arrancarle frases de malestar por la labor de los jueces. Bob Arum, empresario, abogado y promotor de boxeo de olfato fino, descubridor de figuras como el filipino Manny Pacquiao, sabe aplacar con su labia y promesas de inmediata revancha al bando del mexicano. Siempre se ha dicho de Arum que obra la magia de entrar con dos campeones al ring y, sin recibir ni un golpe, él siempre sale vencedor. O mantiene a su protegido o logra una nueva estrella. 



Muchos ríos de tinta se han escrito sobre esa decisión. Las personas defensoras del invicto profesional de Mayweather recordarían que el cómputo global no lo es todo, que hay golpes más poderosos que otros y que, pese a la ventaja en porcentaje de acierto de Castillo y totales, eso no tiene por qué dar superioridad en los asaltos analizados individualmente. Discurso más que válido, aunque esas defensas optan por el sentido inverso cuando alguien recuerda los enfrentamientos de Money con gente como Óscar de la Hoya, Manny Pacquiao o El Chino Maidana. Todo depende del prisma donde se mire, máxime en un deporte de apreciación. 


La revancha entre Castillo y Mayweather se celebró en 2002. Se ha escrito bastante sobre ese nuevo duelo, aunque quizás la opinión más importante sea la del propio Castillo cuando lo recordó ante medios mexicanos. En un nuevo pulso marcado por la igualdad, el guerrero azteca reconocía que Mayweather logró hacerle desconectar, poniéndolo presa del desánimo. Para su sorpresa, las tarjetas estuvieron muy ajustadas (115-113), y es que hubo varios asaltos cerrados. Sin embargo, fue Money quien logró mantener la constancia para una victoria merecida. En esta ocasión, mostró una tremenda elegancia al felicitar a su contrincante y todo staff técnico, volviendo a sembrar la duda de si sus hipérboles publicitarias acaso sean una mera fachada para llenar más recintos expectantes de ver caer su invicto. 



Sus vidas no volvieron a cruzarse directamente. Castillo labró una carrera muy notable en el ring, algo que le convertía en un ídolo en su país de origen y también en Mexicali, Baja California, donde llegó con su familia a los quince años. Sonríe cuando le comentan si ha sido el único en ganar a un oponente invencible. Asimismo hay quejas entre los puristas de los gimnasios de Mexicali, ya no sale ningún Castillo o Yáñez. Otras voces se congratulan de ello, no quieren que sus hijos e hijas se ganen la vida a los golpes y en una esfera tan arriesgada que mueve tanto dinero para unos pocos. Sospecho que llevan razón los segundos. 



Mayweather siguió cosechando éxitos y detractores a partes iguales. Sus legiones de fans no suelen querer recordar aquel primer enfrentamiento con Castillo, mientras que los detractores parecen preferir colocarse una venda ante las innegables virtudes pugilísticas que siempre ha exhibido. Cuenta la leyenda que Rocky Marciano hizo una primera intentona profesional donde cosechó alguna derrota, volviendo la segunda para hacer su récord invicto. Acaso al final eso no sea tan importante, como pregonaba Yáñez, en el recuerdo del gran público quede el estilo antes que la hoja estadística. Se rumorea que estaría dispuesto a subirse ahora ante el Octógono frente a McGregor para hacer más caja. Decían en Ciudadano Kane que "No es difícil hacer dinero... si lo único que se quiere es hacer dinero". 



John Ford engañaba por sus modales aparentemente rudos. Estrechaba la mano con fuerza y afirmaba que hacía westerns. En realidad, lo que firmó fueron algunas de las mejores películas de todos los tiempos. Una de sus recreaciones del Oeste fue muy especial, El hombre que mató a Liberty Valance (1962), una historia que narra el terror de un pueblo ante la figura de Liberty Valance, un formidable pistolero que sirve a los intereses de los grandes ganaderos. El magistral Lee Marvin encarna a este temido antagonista, alguien a quien solamente planta cara un curioso triunvirato formado por Tom Doniphan (John Wayne), Ransom Stoddard (James Stewart) y Hallie (Vera Miles). A algunos de ellos les aguarda el éxito, a otros el olvido y el fracaso pese a sus nobles esfuerzos.



Actualmente, Castillo ha iniciado una carrera política dentro del PRI como diputado local. Ha tenido buenos gestos como participación directa en abastecimiento de materiales deportivos a zonas desfavorecidas, si bien un sector de la oposición subraya su falta de experiencia y formación en lides de administración, acusando a su plataforma de haberle colocado por su gran trayectoria deportiva, capaz de distraer al público de las verdaderas cuestiones necesarias. El tiempo dará y quitará razones, si bien es un reto mucho mayor que los riesgos que ya afrontó en el ring.



Floyd Mayweather siguió su camino, mezclando excelencia deportiva con no pocas polémicas. Pese a sus números inmaculados, ante un sector importante de la afición queda lejos en el carisma de figuras como Muhammad Alí, quizás porque al final lo extra-deportivo sí que importe más de lo que se piense. En realidad, de su excéntrica personalidad que tan buenos frutos le ha dado, el único verdadero punto oscuro han sido sus problemas de violencia doméstica. Dueño y señor de la promotora más lucrativa de su deporte, pocos pueden presumir de haber sido un Liberty Valance más exitoso.



Por ello, sea cual sea la trayectoria futura de cierto sonorense, nadie podrá quitarle aquello de que, alterando ligeramente cierto título mítico del western, él fue, en justicia: The man who beat Liberty Valance



ENLACES DE INTERÉS:



-https://www.badlefthook.com/2009/9/18/1034564/classic-round-by-round-jose-luis



-http://www.cyberboxingzone.com/boxingchronicle/articles_floydbogus.html



-Castillo-Mayweather 1



-Mayweather-Castillo 2



-José Luis Castillo entrevistando en "A los golpes"



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-https://www.businessinsider.com.au/floyd-mayweather-last-fight-2015-9



-https://www.youtube.com/watch?v=Wp2RDpfGJGs



-http://www.cyberboxingzone.com/boxingchronicle/articles_floydbogus.html



-https://www.amazon.com/Pretty-Floyd-Mayweather-Castillo-Poster/dp/B003GG0YFG



-http://www.cyberboxingzone.com/boxingchronicle/articles_floydbogus.html



-https://www.youtube.com/watch?v=x9uVIN872C8



-http://desdeelring.com/notas/autores/cesar-hull



-https://lasportshub.com/2015/08/08/floyd-mayweather-business-man-fighter/



-https://www.radarsonora.com/no-esta-preparado-jose-luis-castillo-presidente/

lunes, abril 2


Mike D´Antoni no podía disimular la sonrisa. Es lo que tiene estar feliz durante buena parte del desempeño de tu trabajo. Nos situamos en el Toyota Center, la grada está inquieta, impaciente como unos críos en vísperas de la noche de Reyes. Saben que toca un regalo. Si baten a los Atlanta Hawks, habrán alcanzado las 60 victorias en la temporada 2017/18, una campaña que para estos fans no debería terminar nunca. En caso de lograrlo, James Harden y compañía habrían batido un registro que en tierras texanas no veían desde que bailaba en la pintura un caballero llamado Hakeem Olajuwon. 



La Barba empieza con ganas de fiesta. Bota el balón con seguridad, mientras disecciona como un consumado estratega del basket la defensa planteada por la franquicia del Este. Cuando es oportuno, penetra a canasta. Si se cierran sobre él, halla a camaradas como Trevor Ariza. El espigado alero a quien ya disfrutó Phil Jackson en 2008 y 2009 es un recurso fundamental de conjunto con ansías de anillo, un falso secundario con magnífica defensa y gran valentía en los tiros decisivos. No pocas veces su conexión con el futurible MVP se salda con feroces triples en la esquina. 



El objetivo se cumple. Llevan haciéndolo todo el año. La apuesta del técnico recuerda a sus mejores tiempos con los Phoenix Suns de Steve Nash. Un juego alegre donde guerreros de los tableros como Hilario y Capela aprietan los dientes para proteger los rebotes ofensivos. El caso del brasileño es una oda a la constancia después de sus problemas de salud. Otro de los héroes silenciosos de este ambicioso proyecto que aspira a todo.


La fiesta no para allí. Chris Paul lo sabe. Está aquí por eso. Harden embelesa por su talento, se ha convertido en alguien virtualmente indefendible. Pero no pocos analistas predicen que es CP3 el termómetro de la escuadra. Con los puntos de la Barba se cuenta, aunque es el base quien maneja los hilos que hacen funcionar a la orquesta. El fichaje acertado que ha hecho dar suspiros al Toyota al verlo vestido de paisano en el banco. Vuelve contra Chicago, se mide con Eric Gordon y solamente podemos aplaudir.



Los Bulls son un equipo joven y atlético. Le echan ganas, si bien el ritmo de los Rockets es inhumano. Sirve de metáfora de este año en la NBA. Durante meses, Golden State les ha perseguido con la fe del campeón, lamentando esa décima de segundo que impidió a Kevin Durant que su tiro decisivo fuese legal para batirles en el Oracle. Un pequeño detalle, la nariz de Cleopatra siempre puede cambiar el Mare Nostrum. El mérito de los texanos es enorme, ante un conjunto de ciencia ficción, han combatido su fuego con fuego. Sorprendiéndonos a muchos, al final de la carrera han sido los vigentes portadores del anillo los que han acabado con la lengua fuera.



Ese juego del gato y el ratón se muestra con el respeto desde el banco. D´Antoni y Kerr se aprecian mutuamente, los dos vienen de cierta franquicia de Arizona (en serio, cuánto le debemos a los Suns) y saben lo que es tener ese momento de daimon de tu parte. En la época de Lebron y los Beach Boys, Houston ha pegado un rugido de audacia que solamente es apto para valientes. Queda ver cómo van los Playoffs, pero estamos hablando de algo cercano a la grandeza.


La Barba descansa en el viaje a Chicago, la Ciudad del Viento donde gente como Ariza vuela. Otro triunfo, el inhumano calendario lleva a recibir sin descanso la visita precisamente de Phoenix. Los Suns quieren ganar corriendo a un equipo que aniquila a sus oponentes de la mima manera. Dragan Bender muestra su versatilidad y buena mano, aunque los Rockets no bajan los brazos ni siquiera cuando el marcador es muy negativo. Joe Johnson es uno de los más implicados ante su ex escuadra, incansable a ambos lados de la cancha. Finalmente, la barba anota un triple con la grada levantada que iguala todo a 101.



Es entonces cuando Josh Jackson se da el lujo de hacer enmudecer al respetable con una suspensión majestuosa. Apenas quedan décimas de segundo. Pero es el año de los milagros. Los locales sacan y Gerald Green lanza con una plegaria desde la esquina. El resultado no puede ser otro que un lanzamiento ganador.



La pasada madrugada volvieron a demostrar que esta escuadra es una maquinaria cuidadosamente preparada. Era el día perfecto para caer. Con el primer puesto asegurado y ante los hambrientos San Antonio Spurs de Popovich. Hay que escoger asimismo las caídas, minimizar daños. Houston se merece un descanso hasta Playoffs, después de haber sometido al resto a un ritmo imposible. 



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-https://rocketswire.usatoday.com/2017/10/26/chris-paul-literally-predicted-eric-gordons-game-winner-step-by-step/



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